ORIGEN
La
cultura celta se caracterizaba por ser politeísta. Uno de sus ritos era la
invocación al dios Samhain (dios de los muertos) y lo realizaban los sacerdotes
druidas, que además practicaban la astrología y adivinación. Este
rito consistía en sacrificios de animales y también humanos, y en hacer grandes
fogatas intentando comunicarse con los espíritus de los muertos. Los
druidas recorrían las aldeas extorsionando a la gente con el fin de recolectar
comida para el año nuevo celta, y a quienes se oponían en “colaborar” se les
hacía alguna maldad.

Según su creencia, durante esa noche el alma de los muertos regresaba a sus
hogares acompañada por una corte de personajes siniestros: fantasmas, brujas,
duendes, gatos negros y toda clase de demonios. Por
eso los druidas aprovechaban la ocasión para aplacar los poderes sobrenaturales
ofreciendo sacrificios humanos. Era un tiempo dedicado al ocultismo y la
invocación del demonio, caracterizado por la oscuridad, el miedo y la muerte
Considerada como una celebración perniciosa, en la Edad Media la Iglesia
Católica estableció el 1º de noviembre como “Día de todos los Santos”, con la
esperanza de acabar con un ritual pagano de triste y sangrienta memoria. Fue en
vano. En
esos pueblos la tradición fue más fuerte. Durante el siglo XIX los inmigrantes
irlandeses introdujeron la festividad en los Estados Unidos y la popularizaron.
El origen del nombre En el año 835 D.C. el Papa Gregorio IV designó el 1º de
noviembre como el Día de Todos los Santos (All Hallow’s Day). El 31 de
octubre era conocido como víspera de Todos los Santos (All Hallow’s Evening).
Abreviando esta frase, All Hallow’s Evening, su pronunciación rápida en inglés,
nos lleva a la actual “Halloween”.
ALGUNAS COSTUMBRES

HALLOWEEN
EN AMÉRICA LATINA.
El comercio encontró una fuente importante de ingresos en
esta celebración. Los EEUU, especialistas en desarrollar estrategias de venta
masiva, han conseguido utilizar esta fecha como un dinamizador importante de la
economía en el mes de octubre. Y como era de esperar, esta costumbre comenzó a
difundirse por toda América latina. Como consecuencia de la globalización está
costumbre desembarcó en nuestro país. En algunos casos esta mala costumbre se
practica con la excusa de enseñar el idioma inglés; en otros una actitud de
colonialismo mental ayudó para que esto enraizara en ciertos círculos que se
manejan con la premisa: “No sabemos que es, ni para que sirva, pero si en
Estados Unidos lo hacen, y es una práctica del primer mundo... ¿cómo no vamos a
hacerlo nosotros?” En nuestro país muchas instituciones de educación primaria
festejan Halloween, ignorando su origen y propósito. Los niños celebran y
disfrutan al disfrazarse, pero tendríamos que preguntarnos si esto es sano. Es
responsabilidad de maestros, directivos y padres analizar las costumbres que se
adoptan, estudiar sus orígenes y prever sus consecuencias. Según testimonios de
investigadores y funcionarios del parlamento, en los Estados Unidos, Halloween
es el momento más propicio para realizar prácticas ocultistas y sacrificios
humanos (en su mayoría niños).

Nadie celebra un día dedicado a su
enemigo. Sólo los nazis celebran el nacimiento de Hitler. ¿Sería lógico que los
judíos también lo hicieran? Halloween en realidad no es una fiesta, sino un
culto, o mejor dicho un honor al mal. ¿Será lógico que nosotros celebremos el
mal, sólo por el hecho de divertirnos? ¿Será lógico que importemos esta
práctica que no sabemos ni qué es ni para qué sirve, sólo por imitar al primer
mundo? No debemos permitir que Halloween sea un pasatiempo inocente para
nuestros niños. Tenemos la responsabilidad de cuidar su salud mental, por lo
tanto es conveniente mantener a nuestros hijos a prudente distancia de esa
celebración que, si bien hoy parece divertida, puede llegar a ser la puerta
para prácticas muy perniciosas. ¿Es
sano promover el miedo, el terror y lo oculto? ¿Qué valores estamos
transmitiendo? Es un deber ineludible estar comprometidos con lo bueno y lo
sano para que nuestra calidad de vida no se vea afectada.
Jesucristo dijo: “Yo
soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas”. (Juan 8:12)
Todos elegimos. Debemos elegir entre lo bueno y lo malo, entre la luz y las
tinieblas. Una vez más... pensemos.
"Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas"
Efesios 5:11 RVR